Voces que merecen ser escuchadas. Testimonios reales de quienes viven las historias que contamos.
“He recibido más de mil niños en mis manos. En mi comunidad no hay doctor, no hay clínica. Solo estamos nosotras, las parteras, con nuestro conocimiento que nos dejaron nuestras abuelas. El gobierno quiere prohibirnos, pero sin nosotras, ¿quién cuidará a las madres? ¿Quién recibirá a los niños?”
“Dejé todo: mi casa, mi familia, mis muertos. No por gusto, por necesidad. El camino fue terrible, pero lo peor vino después. Aquí soy invisible. Trabajo, pago impuestos, pero no existo. Mis hijos nacieron aquí y todavía nos miran como extraños.”
“Mi hermano desapareció hace 40 años. El gobierno dice que no hay registros, que no existe. Pero yo lo vi nacer, lo vi crecer, lo vi cuando se lo llevaron. No pido venganza. Solo quiero saber dónde está, poder llevarle flores. Después de tanto tiempo, eso es todo lo que pido.”
“Empecé a trabajar en casas a los 14 años. Nunca tuve vacaciones, ni aguinaldo, ni seguro. 'Eres como de la familia', me decían, pero dormía en un cuarto sin ventana y comía las sobras. Ahora peleo por mis derechos y por los de todas las que siguen invisible en las casas de otros.”
“Mi abuelo sembraba estas mismas tierras. Mi padre también. Ahora me dicen que no tengo papeles, que la tierra no es mía. Sesenta años trabajando la tierra y de repente somos invasores. Pero no nos vamos. Esta tierra tiene nuestra sangre, nuestro sudor. Es nuestra aunque los papeles digan lo contrario.”
“Tardé cinco años en poder contar mi historia. Cinco años de silencio, de vergüenza, de creer que era mi culpa. Cuando finalmente hablé, descubrí que no estaba sola. Que hay miles como yo. Ahora uso mi voz para que otras no tengan que esperar tanto tiempo para ser escuchadas.”